martes, 6 de julio de 2010

Capítulo 1 (Segunda Parte)

Me pasé toda la noche en vela, no podia dormir pensando en como mi vida dió un giro inesperado. Quizás aquello no estaba bien, pero me gustaba.
Por la mañana, me desperté temprano, como siempre, pero esta vez me desperté por hambre.
Hacía un dia que no comia nada, todo lo que llevaba ya se me habia acabado.
Busqué un supermercado pero cuando porfin encontré uno, me di cuenta de que no llevaba dinero encima, asique me quedé fuera, sentada en un banco delante de la puerta de crital por la que se podian ver las cajas rejistradoras y, al fondo, los estantes llenos de comida.
La gente entraba con las manos vacias y salia con tres bolsas en cada mano.
Me quedé allí sentada un par de horas, aunque a mi me parecieron unos minutos, entonces salió una chica del supermercado y justo en la puerta se le cayó todo al suelo, me pareció que podria ayudarla a cambio de algo de comer, asique me acerqué a ella, la sonreí y comencé a recoger las cosas del suelo. Cuando terminé de ayudarla nos levantamos, pero no fui capaz de pedirla nada a cambio.

- Gracias por ayudarme. ¿Cómo te llamas?. Me dijo con una sonrisa en la cara.
- Dana Grandson.
- Eva Benz.

Me estrechó la mano muy firmemente mientras seguia sonriendo. Algo de aquella mujer me hizo sentir segura, protegida, como en casa.

- Valla, estás palida ¿te ocurre algo?. Me dijo preocupada sosteniendome por los hombros.
- No, es solo que no he comido nada.
- Pues no puedo dejarte así, vente conmigo y te doy algo de comer.

Ante aquella propuesta no me pude negar, el hambre me invadia y algo de Eva me hacia sentir que podia confiar en ella, asique accedí.
En el camino hasta su casa parecia muy interesada en saber cosas sobre mi, pensé que la mejor forma terminar con ese tema era contarle algo aunque no fuera cierto.
La conté que mis padres habian muerto cuando yo era pequeña y me quedé con mi abuela, ella murió y huí para no tener que ir a un horfanato, solo tendria que esperar unos meses hasta cumplir los 18 años y ya no tendria que esconderme.
Eva pareció comprenderme y me propuso acojerme hasta entonces en su casa. Me pareció extraño que alguien a quien acabo de conocer quisiera acojerme pero prefiero dormir sobre una cama estable y comer todos los dias a dormir bajo cartones mojado y comer de la basura.
Eva parecia una buena persona.
Pasó una semana, vivir con Eva era genial. Tenia ropa limpia, cama y comida. Todo iba bien, hasta que un día llamaron a la puerta, me dispuse a abrir la puerta, pero Eva se acercó rapidamente impidiendo que lo hiciera.

- Ve al salón a ver la tele un rato anda Dana. Me dijo sonriendo, como si quisiera ocultarme quien se encontraba detrás de la puerta.

Esperaba a alguien y no queria que viese a ese alguien.
Fui al salón y me coloqué detrás de la puerta para intentar oir lo que decian.
Eva abrió la puerta y empezaron ha hablar en voz baja, la otra persona era un hombre. No pude oir bien lo que decian asique me acerqué un poco mas.

- ¿Me has traido lo que te pedí?. Dijo Eva.
- Si, Eva, esto es muy peligroso, si alguien sabe que tienes esto podrian correr cabezas, escondelas bien y no le digas nada a nadie. Dijo el hombre de voz grave.

Queria saber de qué hablaban y me asomé, el hombre era alto y robusto con unas gafas de sol y pelo castaño. Vestia con un traje negro y corbata roja. Le daba a Eva algo envuelto en una pequeña sabana blanca, no pude saber que habia dentro.
Eva cerró la puerta y se quedó mirando por la mirilla, como si estuviese comprovando que el hombre se iba. Podia oir sus pasos desde donde yo estaba.
Eva se volteó y me vió. Se quedó palida y se acercó muy rapido hacia donde estaba.

- ¿¡Qué haces ahí!? ¡Te dije que te fueras al salón! ¿¡Qué has visto!? ¡Podria meterme en un gran lio por tu culpa!. Me gritaba muy angustiada.
- ¡No he visto nada, de verdad! ¡Nada!
- ¿Seguro? Dana, si has visto algo puedes decirmelo, no pasa nada, solo te pido que no digas nada, por favor.
- Solo he visto como te dava algo envuelto en una sabana.
- De acuerdo, tu confiaste en mi, supongo que yo puedo confiar en ti.

Eva se arrodilló enfrente de mi y colocó la sabana sobre las rodillas. Empezó a desenvolver lo que habia dentro. Cuando quitó las sabanas me sorprendió lo que habia dentro.

- Estos son unos SAI, son unas armas muy antiguas de origen japonés. Si tengo tanto cuidado con que nadie sepa que tengo en mi poder estos cuchillos es porque no son precisamente mios. Pertenecen a un museo con obras de arte muy antiguas y de mucho valor. El hombre que ha venido a darmelo se llama Albert Fischer. El se encarga de entregar una obra de arte a cada una de las parsonas que participó en su robo. Debemos guardarlos hasta que llegue el dia de su venta. Dana, si cuentas algo e esto a alguien, no tendremos mas opción que "hacerte desaparecer", ¿entiendes?... No quiero que las cosas acaben así.

Nosé porque, cuando dijo la frase "hacerte desaparecer" algo dentro de mi reaccionó. Aquella frase ya me la habian dicho hace poco.

- Tranquila Eva, no diré nada.

Eva confiaba en mi, asique hice lo que me pidió. Yo tambien confiaba en ella, pero no sé porqué no era capaz de confiarle que habia matado a dos personas. Algo me decia que si se lo contaba lo estropearia todo, asique decidí no deicr nada.
Las entregas de Albert Fischer no cesaron durante una semana. Eva y yo escondiamos las entregas en un hueco que habia debajo del parqué en una esquina del cuarto de Eva.
Solo quedaba una semana para el intercambio y Eva y yo preparabamos las cosas para que estubieran perfectas el dia marcado.
Las cosas se iban a complicar y no lo vimos venir.

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